CASACOLINA (2)

Krenaste retrocedió un poco, asustado. ¡Enanos! Lo último que esperaba encontrar allí era una fortaleza enana. Empezó a mover las manos, rápida pero torpemente, intentando comandar a su grupo. Pero los Enanos actuaron antes. No hubo una sola palabra. No hubo una sola pregunta. Golbar movió su maza en dirección a Krenaste y los suyos…y los Enanos cargaron.

Imrae chillo, histérica, cuando los Enanos corrieron hacia ellos. Trato de protegerse detrás de los soldados Drow, lanzando un globo de oscuridad sobre su cetro, y comenzó a salmodiar un hechizo. El resto de los soldados lanzaron globos de oscuridad para intentar protegerse: pero Golbar los disipó con facilidad. El choque de la carga de los Enanos contra los Drow fue brutal. Los elfos Oscuros llevaban años de entrenamiento en Melee-Magthere: pero no eran rivales para los veteranos defensores de la ciudadela. Aquí y allá, los Drow caían bajo las armas de sus rivales, con espantosos cortes que sangraban a borbotones o con los miembros y las cabezas aplastadas y retorcidas.

Imrae completo su hechizo frenéticamente y se dirigió, con el rostro contraído por la ira, hacia Golbar. El enano no reacciono a tiempo, enfrascado en combate con dos drow, y la sacerdotisa, riendo enloquecida, poso su mano sobre su hombro derecho. Un súbito rayo de dolor recorrió el cuerpo del enano, y sintió como si su propia alma fuera atacada por la execrable diosa Araña de los elfos Oscuros. Profiriendo un terrible alarido, Golbar consiguió sin embargo sobreponerse al efecto del hechizo, y golpeo con furia el rostro de Imrae con su escudo. La sacerdotisa, que ya preparaba otro sortilegio, retrocedió unos pasos, aturdida por el golpe, y los dos drow con los que Golbar combatía levantaron sus espadas para golpear al Enano: pero dos nuevos combatientes los sorprendieron y desviaron su atención, dejando a Golbar espacio para encargarse de Imrae. La drow comenzó una nueva salmodia: pero cometió el error de dejar acercarse a Golbar, que la ataco antes de que pudiera terminarla. Imrae no pudo esquivar el impacto de la maza sobre su costado izquierdo, y sintió perfectamente como sus costillas se astillaban ante la fuerza del envite.

Sin apenas respiración, trato de concentrarse en su conjuro: pero las palabras murieron en su boca. Golbar agarro entonces a Imrae de un lado de la armadura de la sacerdotisa: y volteándola con fuerza la derribo a tierra. Imrae no pudo sino mirar, con ojos de terror, como la maza del enano le golpeaba una, dos y hasta tres veces: pero realmente solo sintió el primero de los golpes. Para cuando Golbar impactaba por tercera vez en su cabeza, esta ya estaba reducida a una pulpa sanguinolenta.

En apenas dos minutos, el combate había terminado. La patrulla de elfos oscuros yacía muerta en el suelo de la caverna: los Enanos solo habían sufrido algunos rasguños y cortes sin importancia, excepto Serugund PieCalloso, al que su rival había conseguido perforar las tripas y se las sostenía como podía, preso de una intensa agonía. Golbar puso rodilla en tierra y coloco una mano sobre la espantosa herida abierta: implorando a su dios Dumathoin, la herida comenzó a cerrarse gracias a la magia del Señor Comandante. En apenas unos instantes, Serugund se levanto de nuevo, como si jamás el arma del drow le hubiera tocado.

Los Enanos cargaron con los cadáveres de los elfos oscuros de vuelta a su ciudad. Las puertas comenzaron a cerrarse nuevamente, hasta que encajaron de nuevo con un sonido sordo que retumbo por toda la caverna. “Una nueva amenaza repelida”, pensó Golbar. “No, estos drow no volverán a ciudad alguna, y Casacolina seguirá siendo un sitio seguro, libre de la mano de los elfos Oscuros. Pagamos el precio que sea necesario…especialmente ahora, pendientes de esos acontecimientos que están a punto de suceder”, musitó quedamente el Señor Comandante, mientras subía la escalinata que le llevaría a los niveles superiores. “Quien sabe que sucederá cuando esos Illitas han pedido reunirse con nosotros…el poder de Ch’Chitl ha crecido en los últimos años, y solo faltaba que los drow aparecieran para complicar aun mas las cosas…se ha hecho lo correcto” Pero Golbar subió las escalinatas un poco mas lento de lo que acostumbraba.

En el extremo oriental de la caverna, Tarlyn Druu’giir permanecía agazapado. Su pendiente de invisibilidad le había servido bien una vez más: aunque ninguna criatura podía verlo, Tarlyn solo se atrevió a salir de su escondite un buen rato después de que las enormes puertas se cerraran de nuevo. Tarlyn había asistido a la matanza de su sangre atónito: no lamentaba las muertes de sus camaradas, todo lo contrario: pero la fiereza de los Enanos le había sorprendido.

“Las casas nobles querrán saber de esto. Si gestiono bien esta información, no solo mi casa se beneficiara…es posible que yo mismo obtenga alguna recompensa. Si, creo que va siendo hora de volver a Menzoberranzan”

Tarlyn sonrío para sus adentros. Cuando clavó su cimitarra en el abdomen de aquel Enano, este había soltado su escudo. Ahora, Tarlyn lo llevaba a su espalda. Era pesado y le entorpecía, pero cuando las Madres Matronas lo estudiaran, era muy posible que descubrieran a quien pertenecían….quienes eran aquellos misteriosos y salvajes enanos. Y con el tiempo, Menzoberranzan visitaría de nuevo aquella maldita caverna.

Tarlyn se dirigió al norte.

 

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