CASACOLINA (5)

7.

Hace un año.

Shaun Taunador se recostó en un butacón confortable. Si un illita pudiera sonreír, el lo haría en aquel momento. El cuerpo del semielfo caído a su lado le miraba, con las cuencas de los ojos exánimes, desprovistos de toda vida.

El cerebro de aquel desdichado había resultado especialmente sabroso. Hacia tiempo que Shaun no disfrutaba de un festín de aquella magnitud.

ObservÓ a través de la pequeña ventana el trasiego de la ciudad. Puerto Calavera, ciudad sin ley, refugio de piratas, asesinos, ladrones, de toda clase, condición, y raza. Un lugar donde un contemplador podía cerrar tratos con un drow o con un derro y nadie se extrañaría por ello.

En aquel lugar, Shaun encajaba perfectamente.

Aquella mañana, Shaun se encontraba exultante. No solo por el cerebro tan  suculento que había desayunado: su mano derecha en la ciudad, un Enano Gris llamado Thraghdaer, le había prometido una sorpresa mayúscula. A Shaun las sorpresas no le gustaban en demasía, pero reconocía, ansioso, que Thraghdaer le proporcionaba excelentes presas con las que alimentarse, y buena información con la que negociar en Puerto Calavera, o llevar de vuelta a casa a Ch’Chitl. Más de una caravana había sido hábilmente asaltada por los quaggoths de los Ocho gracias a las labores de inteligencia de Thraghdaer. Y el estatus de Shaun había aumentado considerablemente en los últimos tiempos.

Cuando el duergar apareció, con otro Enano a su lado, Shaun se sintió  decepcionado. No era más que un vulgar Enano Escudo, de los que había visto a cientos. Toleraba a Thraghdaer por su peculiar relación comercial con el, pero en general consideraba a todos los Enanos poco menos que escoria.

“Tal y como te prometí, aquí tienes tu sorpresa. Este Enano se llama Dontarr. Creo que encontraras lo que tiene que contarte sumamente interesante”

Shaun resopló. “No es más que un Enano borracho, Thraghdaer. Además, ya he comido, no tengo apetito ni interés por esta patética criatura”

En efecto, el aspecto de Dontarr era lamentable, como si se hubiera caído en un tanque de aguamiel y para no ahogarse se lo hubiera tenido que beber entero.

“No lo juzgues por su aspecto externo, Shaun”, replico con su áspera voz Thraghdaer, “descubrirás que este pequeño amiguito es de lo mas interesante”

Shaun miro al duergar e hizo un ademán despectivo con su largo y escuálido  brazo.

“Lo dudo…Pero adelante, muéstrame por que debo tener en consideración a este insecto”

Si Dontarr se sentía insultado por el illita, no lo demostraba. Estaba borracho como una cuba, tenia la mirada perdida y apenas era capaz de articular palabra.

“Fíjate en esto”, dijo Thraghdaer. Entonces, le ofreció el escudo de Dontarr.

El illita a duras penas pudo levantarlo,  Era redondo, de un metal ligeramente más liviano que el acero. Shaun pensó que podría ser el legendario Mithral: miro a Thraghdaer con gesto inquisitivo.

“No, no es Mithral, pero tampoco es ninguna aleación que yo conozca o haya trabajado. Antes de que Dontarr estuviera en tan pésimo estado, pude hablar un poco con el, pero se negó a comentarme nada sobre el proceso de  fabricación de este escudo. Al parecer, el buen Dontarr ha venido a Puerto Calavera para vender unos cuantos de estos”

“¿Y de donde procede nuestro amiguito?”, pregunto con voz meliflua el illita.

“Eso es lo mas interesante. Dontarr me dijo que procedía de un lugar llamado Casacolina”

“¿Casacolina?” Shaun agitó brevemente sus tentáculos. No había oído hablar nunca de tal sitio.

“Yo tampoco”, dijo Thraegdaer, “y Dontarr se ha mostrado de lo más esquivo a la hora de ofrecerme más información sobre dicho lugar, incluso después de  haberme costado una fortuna en aguamiel”

Shaun volvió a concentrarse en el escudo. Había desarrollado ciertas  habilidades mágicas que le resultaban tremendamente útiles.

“No es mágico”, afirmó al cabo de un momento.

“Me lo imaginaba”, replicó el duergar. “Lo mas interesante es que lo he estado probando y… bien… su ligereza oculta una extraordinaria resistencia. No he podido ni siquiera abollarlo. Y fíjate también en esto” dijo sonriendo el duergar mientras extraía un martillo de guerra de la espalda de Dontarr, que estaba muy ocupado farfullando una retahíla ininteligible.

“La cabeza de este martillo es del mismo material. Apenas pesa, pero mira” dijo el duergar, y con enorme fuerza descargó un brutal golpe contra la mesa de  Shaun.

La mesa se partió limpiamente por la mitad. Shaun profirió un quejido.

“Esa mesa era muy cara, idiota”, escupió Shaun. “Pero…entiendo que quieres decir. Un arma muy poderosa…” sentencio el illita.

“Y como tú has podido comprobar, ni siquiera tiene un encantamiento básico. Imagínate si pudieras crear armas mágicas con este material…”

Shaun sabía que a los duergar, como a todos los Enanos, no había nada que les gustara más que una forja.

El illita cruzo los brazos a su espalda y camino en círculos lentamente. Si pudiera acceder a ese mineral…o al menos a la ubicación del mismo… Casacolina…

De un pequeño armario extrajo una especie de casco metálico. Thragdaer se estremeció al verlo. De el colgaban cables y punzantes agujas.

“Sujétalo”, dijo Shaun, mientras le colocaba el casco a Dontarr.

Los alaridos del desdichado enano pudieron ser escuchados por todo Puerto Calavera durante horas.

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